¿Que es un NPC?

Las personas, en muchos aspectos, viven como NPCs (personajes no jugables). No se cuestionan, no buscan más allá de lo inmediato, simplemente siguen una programación estructurada, una rutina sin reflexión profunda. Algunos lo llamarían naturaleza, como si fuera algo inherente al ser humano, una condición inmutable.

Así como los animales se guían por el instinto, el NPC lo hace por una fuerza igualmente ciega. No sabe por qué vive, no sabe por qué muere, no sabe por qué se levanta cada mañana. Su existencia está limitada a un flujo constante de respuestas automáticas ante estímulos predecibles.

Sin embargo, todos necesitamos un propósito, un sentido de existencia. Aquí es donde entran los constructos sociales, ya sean triviales, materiales o espirituales.

Para el NPC ateo, o aquel que no se adentra profundamente en la reflexión sobre su creencia, el sentido de vida puede encontrarse en lo mundano: en la familia, en lo terrenal, en lo material. Mientras que el NPC que busca algo más profundo puede recurrir a las religiones, los dogmas, las creencias o las sectas como una manera de llenar ese vacío existencial.

Al final, todos son constructos sociales, sistemas creados por el hombre para ofrecer dirección y propósito.

El impulso inconsciente de levantarse cada mañana para estudiar o trabajar de 8 a 8, impulsado por un motor subliminal, es un reflejo de la aceptación social que depende, en gran medida, del saldo de tu cuenta bancaria. El tiempo y la vida se deslizan entre los dedos como arena fina, mientras la existencia se ve definida por la acumulación material y la posición social.

Antiguamente, las personas luchaban por fines más nobles, como la construcción de una familia, la perpetuación de un legado, la creación de algo que trascendiera. Ese concepto de éxito ha ido diluyéndose, transformándose en un hedonismo vacío alimentado por las redes sociales y la frialdad de una sociedad cada vez más desconectada. Aunque la lucha por el legado sigue siendo un imperativo, sigue siendo una imposición sistemática, una necesidad inherente de existir, pero aún así, sigue siendo, en su forma más pura, un acto de ser NPC.

La finalidad religiosa, por otro lado, tiene algo de mérito, porque escapa, en parte, del sistema social dominante. No obstante, se adentra en otro sistema: el religioso. Este sistema, al igual que el anterior, también se impuso para formar una sociedad proactiva, para otorgar a las personas un propósito mayor: la salvación. En tiempos antiguos, el dinero no era la única aspiración; la salvación era el objetivo. Comportarse de acuerdo con las normas, someterse a las reglas, era la clave para alcanzar el destino prometido.

Hoy, muchas personas religiosas parecen olvidar que, en muchos aspectos, siguen atrapadas dentro de ese mismo sistema. Porque, al fin y al cabo, son NPCs, como todos los demás.